El Fascismo Cañí

España es diferente

Con la vuelta del fascismo, el mundo está viviendo una involución que nos retrotrae a un siglo atrás. Esto es preocupante, máxime, teniendo en cuenta que en la actualidad el capitalismo global no se encuentra amenazado. En este sentido, conviene recordar que en sus orígenes, en los años 20 y 30, tras la revolución rusa y el auge del movimiento obrero, los fascismos surgen como un proyecto de capitalismo, con el objeto de crear una fuerza contra-revolucionaria que atrajera al pueblo, con mensajes populistas y una buena cobertura económica e institucional(1).

Durante esas décadas mucho antes de que Manuel Fraga lo acuñase como eslogan turístico, España era diferente. Aquí el fascismo ideológico germinó entre los señoritos y sus seguidores, que desgraciadamente no eran ni son pocos, su principal líder, Jose Antonio, Marques de Estella, hijo del general y dictador Primo de Ribera, no consiguió con su discurso demagógico atraer a sectores populares, tal y como ocurrió en Italia y Alemania, donde el capitalismo colocó como testaferros a líderes de origen no aristocrático.

A diferencia de lo ocurrido en dichos paises, en España, el sistema para imponer el fascismo franquista fue una larga guerra, con el apoyo indispensable de las principales potencias extranjeras.(2).  El fascismo español fue y sigue siendo diferente hasta en sus métodos. En Alemania trataron de zanjar su pasado fascista ahorcando a sus principales dirigentes como lógico y ejemplar castigo por sus crímenes. Mientras el mundo reconoce lo justo de aquellas condenas, escucha estupefacto como ahora en España una parte de la cúpula militar, ya retirada pero representativa de un residuo franquista todavía activo en las fuerzas armadas, defiende aquella barbarie e incluso la supera, proponiendo fusilar a 26 millones de compatriotas (más de la mitad de la población española) y los califica de “hijos de puta”(3).

Definitivamente España es diferente ¿qué les ocurriría a esos mismos militares si fuesen alemanes o franceses, ingleses, portugueses, suecos…? evidentemente serían juzgados por traición. Esa sería la respuesta de un país con un mínimo de respeto por el conjunto de su población, un país donde, como dice el preámbulo de nuestra Constitución, imperase la justicia, la libertad, la seguridad, el bien de cuántos la integran; un país con leyes que velasen por un orden económico y social justo como expresión de la voluntad popular; y donde esos conceptos fueran interpretados con ética acorde al espíritu del texto constitucional y no de forma manipuladora.

Para estos neofascistas a la española, la Constitución, las banderas, la nación, solo son símbolos vacíos de contenido social y contrarios a la soberanía popular, son simples armas para azuzar el odio, la división y, sobre todo, para mantener el control sobre un país al que consideran su cortijo privado. Seguramente entre esa mayoría de españoles a los que, esa parte de la cúpula militar les gustaría fusilar, estamos los que conocemos y reivindicamos la aplicación práctica de los artículos 35, 47, 128, 129 y 131 de la Constitución(4).

El fascismo cañí ha perdido la timidez y se manifiesta abiertamente con su cara más grosera, siempre ha permanecido latente, enquistado en el poder y las instituciones militares, jurídicas, religiosas como un recurso del poder económico para mantener en la reserva una fuerza irracional y relativamente controlable para poder ser utilizada ante posibles excesos democráticos de los pueblos. En los países europeos se hace de forma más oculta, controlada e inteligente.

La principal base ideológica de los fascismos es potenciar el antagonismo identitario, aprovechar el instinto tribal para exacerbar el sectarismo racista, religioso, nacionalista, y en esto último, el significado de nacionalidad, para los fascistas españoles es también diferente. Si el primer fascismo disfrazado de Imperio Romano hacía el ridículo en sus aventuras militares y acababa recurriendo a los bárbaros germanos para que le salvarán, el fascismo español fue aún más cobarde, disfrazado con el yugo y las flechas de los Reyes Católicos. Necesitó de las principales potencias extranjeras, (no cómo hizo Mussolini para conquistar territorios en África o Grecia) para aplastar en tres años de guerra a su propio pueblo. El nacionalcatolicismo en realidad carece del sentido moderno de nación, desprecia a la población, el territorio, el patrimonio cultural y natural. La mayoría de sus defensores aceptan en la práctica la corrupción sin importarles que la riqueza expoliada acabe en paraísos fiscales del extranjero; que el patrimonio natural, los bosques, las costas, se destruyan para enriquecer a unos pocos; que gran parte de sus compatriotas sean cada vez más pobres, en su práctica son patrioteros de intestino y traidores de corazón. Se autoproclaman como los únicos defensores y representantes de España y su unidad. Esa forzada asociación de la imagen España con el fascismo cañí es lo que precisamente provoca el rechazo y desapego a una idea moderna de Estado Nación, lo que a la vez sirve para justificar la división y el separatismo.

Es curioso que ese grupo de militares que hacen proclamas golpistas, escondan tras las banderas en las que se envuelven una obediencia servil a otra bandera foránea con barras y estrellas, un símbolo que representa al mismo imperialismo que históricamente atacó y humilló a esa simbología en la que se envuelven. Los verdaderos patriotas, sean militares o civiles, son los que defienden a su pueblo, a una España digna, una nación libre, democrática y soberana en interés del conjunto de su ciudadanía.

(1)  En abril de 1919, los grandes industriales y terratenientes italianos, reunidos en Génova, aceptan los servicios que les ofrece el propagandista Mussolini y la burguesa judía Margherita Sarfatti, la estrategia fascista consiste en anticiparse a los bolcheviques con una «contrarrevolución», utilizando discursosº demagogos, populistas, nacionalistas e incluso con cierto anticapitalismo retórico. Pocos años después el proyecto se extiende fuera de Italia con el apoyo a Hitler del capitalismo alemán, especialmente de la industria pesada, Thyssen, Kirdorf, Krupp…

(2)  Desde el primer momento el golpe Militar de junio de 1936 contra la República Española, contó con el apoyo e intervención directa del aparato militar de Italia y Alemania, también, y de gran importancia logística, de Portugal. Cincuenta días después de iniciada la sublevación, en Londres, las principales potencias cercanas, Francia, Inglaterra, Italia y Alemania, acuerdan un tratado llamado de “No Intervención”, pero que en realidad fue de bloqueo para la República, las flotas italiana y alemana quedaron encargadas de controlar el Mediterráneo, única vía de suministro republicana.

(3)  El mensaje “no queda mas remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta” pertenece al general de división retirado, Francisco Beca, que por esas mismas fechas, el 10 noviembre de 2020, encabezó con su firma junto a las de otros 38  miembros de la XIX promoción del Ejercito del Aire una carta al Rey Felípe VI, como Jefe de Estado y de las Fuerzas Armadas.

(4)  Pese a definirse como constitucionalista, la derecha española ignora y en el Congreso vota contra el cumplimiento de los principales artículos sociales. Art.35. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo… Art.47. Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna… Art.128. Toda la riqueza del país en sus distintas forma y sea cual fuere su titularidad está subordinad al interés general.

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